viernes, 20 de junio de 2014

La "despensa"


Hace ya quince años que dejé aquel internado alejado de todo.

Un internado en el que los llantos de las niñas, provocados por  los continuos azotes de Sor Angélica, que no había conocido varón pero que miraba con deseo al cura Don Pío, quedaban ahogados por los kilómetros de bosque  que nos mantenían apartadas de una sociedad que se venía abajo, sin que ninguna de nosotras sospechase nada.

Los padres, convencidos de que aquella educación era la mejor para cada una de nosotras, disimulaban con sonrisas y regalos, cada vez más humildes, cuando venían de visita el primer Domingo de cada mes.

Algunos padres  dejaron de venir con el tiempo.
Las  madres solitarias, que cada vez eran más,  inventaban excusas de todo tipo con tal de no preocupar a sus hijas.

A mi nunca vino a verme nadie.

La herencia de una tía muerta, que ni siquiera conocí, era lo que hacía que yo pudiera estar en aquel internado católico, que ya se me antojaba como mi casa.

Mis padres habían muerto cuando tenía 9 años.
No los echaba de menos.

Ni el olor a alcohol, ni las palizas, ni los continuos amantes de mi madre que paseaban por mi casa desnudos con una botella de whisky en la mano.
No les  importaba que una niña estuviera observando escondida en una cortina que apenas le tapaba hasta la cintura, ni que fuera testigo de lo zorra que era su madre. En ocasiones había más de un hombre. Ninguno era mi padre.


No sé cómo murieron mis progenitores.
Nadie me lo dijo nunca.
Seguramente mi padre llegaría de viaje por sorpresa y se tomó la justicia por su mano, poniéndose después en la boca aquel viejo revolver que guardaba en casa y haciendo estallar su pequeño cerebro en pedazos, que con un poco de suerte adornaría aquellas horribles paredes llenas de humedades.

El rojo era una buena combinación para aquel espantoso papel gris.
Le daría alegría.
Aquella alegría que nunca hubo en mi hogar.

Así que el internado era sin duda mi mejor opción. Y aunque nadie viniera a verme no me importaba. Al menos no venían  mintiendo, llorando,  de luto diciendo que después tenían un entierro de un tío lejano en el pueblo. Nadie me vendía falsas esperanzas.

Por lo que me dediqué a observar y a escribir todo lo que veía.
Me acostumbré a estar sola e incluso me convencí de que era toda una suerte visto lo visto.

De manera que tampoco me costó mucho marcharme a Tiqüe.

Con lo que sobró de la herencia de mi tía, o con lo que las monjas me dijeron que sobró, me compré un pasaje para aquel barco que sólo me regaló vómitos y olor a pescado.
Un largo periplo de 34 días que me dejó en un puerto mediocre, al otro lado del mundo, con una maleta de mano y todo el tiempo del mundo.

No tardé mucho en aprender aquel idioma que a veces se me antojaba gracioso.

En un par de días conseguí trabajo limpiando un hospital medio derruido y sirviendo la comida a los excasos doctores que venían un par de semanas al año.
Pocos se quedaban más tiempo.

Pronto mis tareas cambiaron y dejé la fregona para ayudar a los médicos que se veían desbordados por la situación.


La mayoría de los preparados los sacábamos de las plantas de la selva.
A veces no sabíamos ni lo que mezclábamos, hojas y más hojas, machacadas, disueltas en agua y que colocadas en una triste gasa, mitigaban un poco el dolor.

Hacíamos lo imposible por curar algo que ya estaba más que muerto.

Cuando estalló la guerra civil, yo ya llevaba cinco años comiendo arroz y bebiendo extraños brebajes que me permitían subsistir.
El primer día de guerra cundió el pánico.
Desaparecieron todos los médicos y enfermeras en cuestión de días.
Unos huyeron, otros fueron asesinados.
Los pocos que quedamos nos matábamos por la comida que quedaba y procurábamos permanecer escondidos.

El hospital fue tomado y exterminaron a todos los pacientes.

Una compañera de trabajo y yo, al ser descubiertas suturándole una brecha en la cabeza a uno de los médicos malheridos, fuimos secuestradas con el objetivo de usarnos como moneda de cambio si se daba el caso y para atender a los heridos de su bando.

Taparon nuestros ojos y como si fuéramos un saco, nos subieron a lo que supuse  era el lomo de  un borrico.

Viajamos durante cinco días en los que en ningún momento nos dejaron ver nada. Nos cambiaban constantemente de postura para desorientarnos y calmar los dolores posturales que hacían que nos quejásemos sin descanso.

Al llegar a lo que con los días deduje era su campamento, ya que por las noches el olor a comida  llegaba hasta nosotras y podíamos oír sus carcajadas y ronquidos, nos metieron en una cabaña hecha  con ramas y excrementos.

Aunque en años no nos dio el sol, ya que nunca nos sacaron fuera de la choza,  intentábamos no caer en depresión, ni tirar la toalla. A veces, conversábamos como si hubiéramos estado trabajando, otras cantábamos canciones que nos recordaban momentos agradables y otras simplemente nos mirábamos y matábamos las horas.


Como no teníamos acceso al exterior, orinábamos y defecábamos dentro de la cabaña.
Con las manos hicimos, en una esquina de la cabaña, un hoyo en la tierra que pronto se nos quedó pequeño y que para nuestra desgracia, con el tiempo haría sus veces de baño y de despensa.

El primer año, doce reglas contadas, casi no comíamos y no fueron pocas las veces que de forma desesperada, entre sollozos, me acercaba arrastrándome al hoyo y saciaba mi hambre con lo que esa misma mañana había excretado.

La desesperación empezó a volvernos locas.

Compartí con ella la placenta de mi hijo.
Nuestros captores nos violaban  continuamente y yo no tardé en quedarme embarazada.


En aquel parto, al lado de la "despensa", encima del trozo de tierra que durante tanto tiempo había sido mi cama, rodeada de olor a orina y mierda, traje al mundo a un bebé que murió a los dos días de nacer.

Mi esperanza era morir en el parto. Pero no fue así.

Con cada contracción rezaba para que fuera la última y las fuerzas me abandonaran.
Espantaba las moscas de mi vagina dilatada constantemente pero eran demasiadas.

No morí.
Y nació.

Y a los dos días dejó de respirar.

Supongo que mis llantos alertaron a los secuestradores que enseguida se llevaron el cuerpo.
Yo ya había considerado comérmelo y supongo que ellos habían pensado que lo haríamos. Así que se lo llevaron.
Dudo que le dieran sepultura.

Aprovechamos la leche de mis pechos para alimentarnos un poco más. Ella se alimentaba primero y después,succionando todo lo posible  mi calostro, lo pasaba de su boca a la mía.

Puede que llegara a querer a ese bebé.
Lo dudo.
Porque nunca he querido a nadie.
Ni siquiera ahora y aquí, lejos de aquella cabaña.

Pero esa, es otra historia.





martes, 20 de mayo de 2014

Estas zapatillas no tienen cordones

No hay más soledad que una fría mesa de quirófano.
Ni más excusas que todas las que se quieran buscar.

Mirar hacia arriba y mantener una respiración constante fue lo que decidí hacer mientras me llevaban en esa incómoda cama por un laberinto de pasillos, que en aquel momento se me antojo interminable.

¿Qué mano puedo coger?

No hay ninguna excepto esas dos que empujan a la altura de mi cabeza.
Ni si quiera sé cómo es la enfermera.
Escucho su voz mientras saluda a sus compañeras e intercambian alguna que otra frase corta, la cual soy incapaz de entender porque lo oigo todo pero no oigo nada.

Los últimos ojos que había visto eran los de mi madre. Unos ojos llenos de congoja, miedo y disimulo.
Una sonrisa forzada que intenta transmitir ánimo.
Un ánimo que ella no tiene.

Aprieta mi mano pero la cama se mueve, me voy. No la suelto. Todos nuestros dedos se estiran y entrelazan hasta la última posibilidad.

-Te dejo aquí, ahora vendrán a por ti.

Ahora le veo la cara. Es guapa y me sonríe.
Yo le sonrío también. ¿Por qué no?

Menudo momento más oportuno para hacerme pis.

-Hola!
 Escucho muchas voces, ruedas de camas, pero nadie viene.
-Hola! Perdón!

Pronto aparece una nueva enfermera. Más joven, más cercana.
Palabras de ánimo, sonrisas y una cuña. Por su parte, me da todo lo que en ese momento y en el mundo entero, podía necesitar.

Sopesé la posibilidad de salir corriendo.
Intenté distraer mi mente mirando todo el material que había en aquella fría y antigua sala de espera.

Dos enfermeras con paso firme vinieron hacia mi, dijeron en alto mi nombre y volvieron a ponerme en movimiento.
Cambié 3 veces de cama y camilla.
Añoraba la primera cama.
-Mierda, no era tan incómoda, ni tan fría. Era mi cama.

Se abrieron las últimas puertas y entré a quirófano.

4 enfermeras a las cuales sólo veo los ojos. Un cirujano.
Mi corazón se acelera
.
Estoy sola.

Lo más difícil para mi no iba a ser la cirugía.
Lo más difícil sin duda fue llegar ahí.

Durante 12 años, había sufrido unas incomodísimas taquicardias, que fueron haciéndose más fuertes y que llegaron a perjudicarme laboralmente y personalmente.

-Es ansiedad.- decía un médico- toma pastillas.

Otra taquicardia, otro médico.

-Es ansiedad, ya te lo han diagnosticado. Subiremos la dosis de esas pastillas.- Un médico más.

Años de ¿ansiedad?
Años de cambio de medicación, años conviviendo con inconvenientes para cualquier aspecto de mi vida.

Clases, transporte público, trabajo, cine, cenas, viajes... No puedo decir en qué lugares no sufrí una taquicardia.

Recuerdo de jovencita estar sola en el salón de mi casa y sufrir una taquicardia.
Recuerdo tirarme por el suelo, rodar, llorar, ponerme de pie, marearme, agacharme de golpe y de pronto recuperar el ritmo cardíaco normal.
Así, como de la nada, mi corazón dejó de ir a mil por hora, para volver a latir tranquilamente.

De esta manera fue como descubrí que podía quitarme las taquicardias.

Así que mi mundo mejoró un poco.
Sólo tenía que encargarme de estar en sitios en los que poder esconderme y poder agacharme de golpe para quitarme esas malditas taquicardias.

He fingido tantas veces atarme las zapatillas.

Pasaron los años y como las taquicardias no se iban, tampoco lo hacía la medicación, que a su vez se iba incrementando en dosis en cuanto y tanto mi cuerpo se acostumbraba a su ración.

La integral de Sierra Nevada la hice con 20mg de diazepan en el cuerpo.
Hice unos 29 tresmiles en tres días con esta dosis en sangre.

Me convertí en una experta en adaptarme a un ritmo que me costaba llevar y que, sobretodo me daba miedo llevar. Pero era eso o encerrarme en casa y perderme muchas cosas.

Hasta que llegó la escalada.
Hubiera podido ser cualquier otro deporte, cualquier otra afición, pero fue la escalada.

Con la escalada llegó una pasión a mi vida más fuerte que el miedo.
Una motivación, unos objetivos.

Los viajes, con mis pastillas y mis taquicardias. Pero siempre había un lugar donde esconderme o unas zapatillas que atar.

Gracias a lo que me involucré con la escalada, pude ir observando que mis taquicardias respondían siempre a los mismos patrones de movimiento.
Caer sobre la pierna izquierda, movimiento brusco al pillar cuerda saltando al impulsarme con la izquierda.
Esto que ocupa dos líneas fueron unos 4 años de mi vida.

Practiqué otros deportes y siempre se repetían con los mismos movimientos.
Hasta que llegó el día en el que haciendo triple salto, sufrí dos taquicardias seguidas.
Pillé la mochila, dejé a todos allí, llamé a un taxi y me fuí al hospital.

-No es ansiedad- ha sido la frase más repetida frente a médicos, cardiólogos, psicólogos que nadie debe haber repetido jamás.

Esas miradas frías, cansadas, esos malditos y humanos ojos que te miran pensando que eres una hipocondríaca más y estas retrasando la hora del almuerzo.

Todo tipo de pruebas, por lo público, lo privado...cansancio.

Un día me dijeron que me habían detectado un fallo en la válvula mitral.
-Puede que eso sea lo que genera las taquicardias pero no estoy seguro.-dijeron por la SS y por el privado-

No tenía mucho con lo que luchar, pero más valía eso que nada.
Sin saberlo me estaba acercando a una verdad que ni ellos, ni mucho menos yo sabía.

Holter, ecocardiogramas, electros...Hasta hice de conejillo de indias para un aparato nuevo que intentaría detectar alteraciones cardíacas en pacientes seleccionados. Aquello salió en el periódico. Lo que no salío después, es que aquel invento no servía para nada, se despegaba de la piel, perdía los latidos, se apagaba...

Mientras todo esto ocurría jamás dejé de escalar. No sé que tiene la escalada, pero me llevó desde una vida con muchas limitaciones y miedos a otra, que, estando igual, me regalaba risas, fuerza mental y física y sobretodo creer en mi.

Igual que en un lance tienes que creer que te vas a quedar de ese agujero precario y malo, en mi vida aprendí a creer en mi teoría, en lo que mi cuerpo me decía y en que mi lucha tenía sentido.
Si no hubiera escalado es muy probable que jamás hubiera podido averiguar que las taquicardias respondían a un movimiento.

Un día conocí al Dr. Ramón, un psiquiatra, al que fuí a parar mandada por otra médico que me tachó de ansiosa.
Gracias a él, mi lucha cobró sentido.
Fue un nuevo empujón. No sólo fue el primero en proponerme ir a un cardiólogo e insistir , sino que me propuso no volver por allí, puesto que consideraba que estaba bastante cuerda, a no ser que fuera con buenas noticias.

Así pasaron los años, 12 años, con pastillas, con un diagnóstico erróneo, teniendo que esconderme, que atarme las zapatillas mil veces.

Las taquicardias fueron a más y ya no me las podía quitar.

La última, me pilló escalando en Montsant (Tarragona). Habíamos ido a un lugar tranquilo, alejado, abrupto y estábamos escalando en ese duro conglomerado cuando de pronto PUM.
Ahí estaba, una taquicardia.

No pude quitármela. Bajé a Héctor de la pared e intenté de todo. Mi corazón iba a mil por hora y yo estaba de pie asegurando, mirando hacia arriba, quieta, sin movimiento, hablando de la buena pinta que tenía esa vía.

Estuve a punto de desmayarme varias veces, no podía ponerme de pie y estábamos en el culo del mundo.
Por primera vez me preocupé de forma seria.
Empecé a llorar de rabia, pero no podía porque necesitaba respirar. Lo dejamos todo allí. Intentamos salir  poco a poco, porque mis piernas casi no me aguantaban.
Estábamos muy lejos de todo, la preocupación de Héctor era más que evidente.

-Creo que vamos a tener que llamar al helicóptero.

En aquel momento, pensé que se acabó. Aquello no podía ser tan solo una taquicardia.

Pero sí lo fue.
La más horrible de todas.
40' más tarde se pasó. Yo estaba tumbada sobre las hojas del suelo, en mitad del bosque cuando de pronto PUM, mi corazón volvió a su ritmo normal.

Y volvimos a escalar. El estupor de la cara de Héctor era más que evidente, pero ya estaba bien y quería hacer lo que más me gusta en el mundo: escalar.
Además esa noche era Nochevieja y no quería estar en el médico, por mi, por él, por el tiempo que se va muy rápido.

El día más inesperado recibí una llamada de mi cardiólogo. Había estado consultando mi caso con unos colegas y su propuesta era clara. Ni idea de lo que tenía, así que había que entrar adentro.

Un año de espera más tarde, ingresé.

Aquellas enfermeras me trataron muy bien, incluso cuando empezaba a perder el conocimiento, cuando estaba bien, cuando me ponía nerviosa, cuando me dolía, pero sobretodo cuando el cirujano dijo:
-He encontrado el problema. He encontrado el origen de las taquicardias.

Rompí a llorar desconsoladamente porque esa frase es la que llevaba 12 años queriendo oir, porque resultó que tenía razón, porque al oír eso toda la lucha había valido la pena.
Ni siquiera le pregunté si era grave, si era una tontería, no le pregunté mucho porque no podía parar de llorar, incluso cuando mi boca sonreía.

Durante toda la operación estuve consciente.
Cuando llevábamos unas dos horas allí, el cirujano encontró una complicación y se acercó a mi para pedir mi consentimiento para continuar.
Podía bajar mi pulso a 30 p.m y si eso ocurría tendría que ponerme un marca-pasos de por vida.

Estaba sola.
No me he sentido tan sola en la vida. No podía consultarlo con nadie, yo, mi, me, conmigo, mi decisión, mi responsabilidad.

Su recomendación de continuar, puesto que mi calidad de vida iba a cambiar mucho fue lo que me hizo tirar hacia adelante.

La hora y algo que tardó en decir que todo había salido bien, se me hizo eterna.

Pero lo dijo.

Recuerdo volver en aquella cama tan cómoda por el laberinto de pasillos y ver a lo lejos a Héctor, mi marido.

Recuerdo gritar: mi marido!!!
Le levanté el pulgar en señal de ok y lo ví sonreir.

En ese momento las enfermeras empezaron a decir ohhhhhhhhhh, cuánto amor, y cosas así.
Y en ese momento volví al mundo.

Bien luchado.

La escalada llegó a mi vida para bien. Me regaló fuerza, seguridad, fanatismo, amigos y amigas, viajes y a mi increíble marido, Héctor.
Gema, es uno de los regalos más bellos que me ha hecho la vida. Es mi amiga, es mi hermana y siempre la querré de forma desorbitada y aún así se merecerá mucho más.
A mi madre que aguantó como una campeona.
A quien me descubrió la escalada y a Quique Gonzalez.
Al Dr Ramon, que tuvo la misma corazonada que yo.
A mi ateísmo que me mantuvo cuerda durante todo el proceso.

El miedo no sirve para nada, más que para molestar.




       Mi corazón, la escalada y mis ganas de vivir van de la mano.











miércoles, 5 de marzo de 2014

Mientras los dos estemos locos...


La muela del juicio.
Esa malvada bruja es la que me ha sentado aquí, frente al ordenador y me ha hecho intentar recordar mis últimas escaladas; nuestras últimas escaladas.
 Aunque desde el último fin de semana estoy dando pasos hacia atrás, la motivación no me abandona. Un fuerte dolor de cabeza y un bocadillo demasiado grande acabaron conmigo justo cuando encontré un proyecto al lado de casa.

 Si!!! Un proyecto. A veces encuentro una vía que me motiva a repetirla y querer encadenarla, cosa que no ocurre muchas veces -y que me hace sentir ir al revés del mundo-.
En fin, que sólo la probé una vez porque al día siguiente me rompí en la segunda vía de calentamiento.
Rotura fibrilar + muela del juicio= locura, desespero y miedo.

Aunque sólo llevo tres días parada, estoy volviéndome loca. 
La paranoia me persigue.
-Los antibióticos te están quitando la fuerza (si es que tenías).
- El fisio te va a convertir en Hellraiser el Viernes.
-Justo esta semana empezabas entrenamiento y dieta, buahahah vas a engordar y después tendrás que subir ese culazo! A ver cómo lo haces!

PARA!!!!!!!!!

Maldito ego.

No me extraña que cualquier persona ajena a este deporte piense que estamos locos como regaderas. Bendita locura, por cierto.(¿Veis una de cal y otra de arena?)

Una semana parada no me va a quitar de golpe todo lo trabajado, ni lo acumulado todos estos años.
Puede que los antibióticos me quiten un poco de fuerza, pero no la técnica, ah! (estoy intentando convencerme a mi misma de que esto no es para tanto).

Y en cuanto a engordar algún kg esta semana... es un tema que a los escaladores nos lleva locos y que sólo un escalador entenderá. No queremos estar guapos, no va por ahí la cosa.
El culto al cuerpo no tiene mucho sentido, puesto que la corteza se hará vieja. El culto a la salud lo es todo, porque con salud se puede hacer lo que uno se proponga, cualquier cosa. Conseguirlo sólo dependerá del esfuerzo dedicado.

Qué bien se está cuando se está bien (maldita muela del juicio)

En fin que mi objetivo era recordar qué he hecho estos últimos meses.

A esta foto le tengo especial cariño. Me la hizo Cristina en Buñol (Valencia), tierra de parte de la familia y de amigos.
Una vía muy bonita que descubrí bajo un sol asfixiante. 
Pero no hay excusa. Sólo pude probarla dos veces y me temo que por las fechas que son hasta el invierno que viene no podré disfrutarla.



Hubo también un viaje a Chulilla, tierra de familia también. Qué bien repartidos los tengo ;).
Qué cerca está y qué poco voy.
Sector La Pared de Enfrente. Ultra fanático, qué vías más buenas, qué vuelos me pegué y cómo los disfruté.



Y mientras, seguimos echando mucho de menos Siurana y la casita, pero el trabajo es el trabajo.
Ahora ya sólo queda una semana para subir.
Nuestra chimenea, nuestro sofá, nada de tele ni internet, el móvil a ratos y sobretodo hablar y hablar.







Mi vida ha cambiado. Mis prioridades también.
Ya no estoy sola frente a un mundo lleno de gente.
Ahora tengo a mi Llanero solitario, mi marido, con el que formo, para mi, el mejor equipo del mundo. Y juntos hemos encontrado un monton de gente buena de la que nos gusta rodearnos.
Con él, proyecto tantas y tantas cosas.
Cosas que quería hacer, otras que no se me habían ocurrido y ahora me planteo y que pintan mucho mejor si es en compañía y más con un compañero así.

Nuestra pequeña mesa cuadrada, que debió ser de un blanco impoluto en algún momento, se convierte en una improvisada sala de reuniones, donde hablamos de materiales, pies de gato, zonas de escalada, reseñas, viajes, vías, proyectos...durante horas.

He de reconocer que con él soy más valiente. Ahora no tengo miedo de irme al otro lado del mundo a escalar si hace falta.
No es que tuviera miedo antes, es que barajaba la posibilidad de no estar muy cuerda.
Pero mientras los dos estemos locos, da igual aquí que allí. 








Y mientras nuestra historia se construye, sigo perdiéndome entre palabras, frases, borradores, leer y releer y fijarme mucho en la gente.

El oro del sol, la anterior entrada, me la inspiró un chico, al que descubrí mirando a su novia con unos ojos llenos de todo lo que una persona puede pedir.
Me encantó escribir lo que tus ojos decían.
Siempre estoy buscando historias en la gente.
Las personas están llena de cosas maravillosas.







jueves, 27 de febrero de 2014

El oro del sol

A veces me quedo mirándola.
Ni siquiera me doy cuenta.
La veo jugar con las flores, acariciar los árboles, mirar el sol...

Podría quedarme mirándola todo el día.

Me transmite paz.

En ocasiones tengo miedo de no poder tener la oportunidad de observarla. Es como un sueño.
Podría desvanecerse en un momento.
Irradia felicidad, tranquilidad.

-¿Sabes en qué pienso cuando estoy estresado?
-¿En qué?
En el sol reflejando oro en sus cabellos.
El sonido de su risa.
Incluso su esporádica tristeza me resulta tierna.
Parece que no necesite a nadie. Parece que le baste con el sol y la brisa.

No quiero soltar su mano pero me encanta verla correr. Sin necesitarme, sin necesitar nada.

Y cuando vuelve saltando  y se lanza hacia mi con los brazos abiertos, la abrazo fuerte y siento que estamos solos en el mundo.
Respiro hondo, quedándome con su olor, con su corazón acelerado, con su piel.

Y en seguida vuelve a salir corriendo, saltando, sonriendo...siempre sonriendo.





lunes, 3 de febrero de 2014

Rabietas

Ha tenido que ser un virus el que me ha hecho sentarme a escribir algo en este pobre blog que tengo más que abandonado.
Después de un montón de días escalando por Tarragona y por las zonas de casa, el dichoso virus me pegó una paliza de 3 días y al 4º, si se puede decir así, resucité.
Mis sensaciones entrenando fueron buenas. En la roca,  bien distintas.
Fatiga seria en la vía de calentar y en las demás ni lo quiero recordar. Sensación de pesar 100kgs, querer y no poder.
Ahora que viene la época de lluvias, es decir, la época jode vacaciones, he decidido cambiar el entrenamiento (bxhskjabfxjnhlfu....qué?????). Vale, lo que yo puedo llamar entrenamiento.

Mi gran descubrimiento, y  que llevado a la roca me ha dado grandes alegrías, ha sido el yoga-pilates. A parte de dejarme calmada, teniendo en cuenta que mi estado normal es el de una persona con 3 cafés, trabaja a fondo la flexibilidad y  me obliga a estirar, cosa que tengo que hacer más a menudo.
En cuestión de fuerza, sin duda: hombros.

Poder hacer abdominales de una forma distinta a la convencional, ha hecho que pueda trabajar esa zona sin descoyuntarme la espalda.

Y para el cardio... Ay el cardio!!!
Correr, ya corrí demasiado y nunca me veo motivada para retomarlo, así que buscando y buscando, encontré la Zumba, que más o menos es aerobic con movimientos de baile.
La historia es estar bailando siempre.

El yoga me recuerda mucho a las clases de ballet que tanto me gustaban.
Con el pilates trabajo la tensión coporal que tanto requiere el patinaje que practiqué durante años y que tanto me fascina.
Y con la zumba, pues bailo, que no se me da muy bien, a no ser que sea con una pared en vertical de muchos metros.

En fin, que mi entrenamiento es más bien un juego para mi. La única manera de hacer algo constante sin que me entre la rabieta y notar en el rocódromo que Héctor me mira de reojo para comprobar si hago algo o me cuelgo de las presas cual mono selvático.

En resumidas cuentas, si el entrenamiento no es divertido y motivador lo dejarás.
Y si lo dejas, te arrepentirás, como le pasó a una que yo me sé...ejem...

Voy a aprovechar para enrabietarme un poco más.
Quizás yo sea amante de deportes poco mediáticos, no me gusta el fútbol ni el baloncesto, pero creo fervientemente que es una pena grandisima el hecho de que en las noticias, la sección de deportes esté limitada al fútbol, baloncesto y con suerte un poco de natación, cuando tenemos deportistas españoles ganando Campeonatos de Europa y del mundo.

Javier Fernández ha sido por segundo año consecutivo, campeón de Europa de patinaje sobre hielo.

Las horas que  he visto de patinaje sobre hielo no las podría contar.
Mi padre me lo grababa todo. Tenía pilas y pilas de cintas de VHS de todo tipo de campeonatos y a falta de pistas, el comedor de mi casa se convirtió en el lugar donde aprendí a hacer el axel simple y alguna figura más con sus piñazos correspondientes.

Imposible bajar del pódium a rusos o franceses, durante años y años.

He de reconocer que lloré muchísimo cuando ganó Javier Fernandez. No pensé que vería a una español ganar la medalla de oro; bueno realmente no pensé que vería a un español patinar y pasar a semifinales.
Así que la emoción pudo conmigo. Y ahí estaba Héctor intentando consolarme y que no se notase que se estaba partiendo de la risa. Agradezco el esfuerzo, pero noté que te reías desde el primer momento.

Que ya está bien de fútbol, baloncesto y con suerte natación! Que hay mil disciplinas deportivas y puede que todas ellas sean más bonitas y entretenidas que el eufórico fútbol.

Y para aquellos que hayan aguantado semejante rabieta deportiva, dejo el vídeo de Javier Fernández ganando el europeo de 2013.
Este es el vídeo que me hizo llorar, el que no puedo dejar de ver y del que me alegro muchísimo poder compartir.
Y espero, que las Olimpiadas de invierno, las saquen un poquito en las noticias, porque seguro que este chico nos va a dar muchas alegrías.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Hoy, a pesar del frío, me sudan las manos.

-Hoy es el día contra la violencia de género.

Sé que últimamente no publico mucho sobre escalada.
Pero me han mandado una carta a modo de confesión que me ha dejado helada y que he prometido compartir manteniendo el anonimato.

Hoy, a pesar del frío, me sudan las manos.

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"Nunca fui tuya.
Ni tuya ni de nadie.
Maldigo la hora en la que naciste.
Maldigo todo lo que me llevó a conocerte y maldigo tu inteligencia, tu manipulación y tu fuerza.
Maldigo cada segundo que aún recuerdo tu nombre, tu cara,  aquellos años a tu lado. 
Por más que pasa el tiempo llevo tu sucia marca tatuada en mis recuerdos.
Daría lo que fuera por poder olvidar que una vez estuve con alguien así.
No quiero tu desgracia, quiero que desaparezcas. 
Que jamás puedas hacerle a nadie lo que me hiciste a mí.
Te odio. 
Y al odiarte te regalo lo más preciado que tengo; mi tiempo.

Recuerdo cómo me convencías de que ningún hombre me había sido fiel y que jamás lo sería, que tenía que aceptarlo. Que eso era la vida real.
Recuerdo cómo me mentías. 
No iré esta noche a dormir que tengo que trabajar.
Y al llegar a casa, ahí estabas, tumbado en el sofá, a oscuras, fumando.
-Vaya! Hoy no te has traído a tu amante.

Intentabas convencerme de que te engañaba. 
Me amenazabas con dejarme porque decías que sabías que te engañaba. Me amenazabas y me volvías a amenazar hasta que lloraba tanto jurándote que no, que los vecinos se quejaban.
Cada noche, tus asquerosas manos me sujetaban y me tapaban la boca para violarme, una y otra vez, una y otra vez, todas las noches, todas las noches...todas...
Las llamadas telefónicas. ¿No estarás en la piscina no? ¿Qué llevas puesto? ¿Hay chicos? Súbete a casa.

El olor a alcohol.
El fumeteo.
Me sorprendió tanto descubrir que estabas enganchado a la cocaína.
Pasaba los fines de semana encerrada en casa mientras te ibas de fiesta, con unas con otras.
Mi mente ha bloqueado las excusas que me decías. Por Dios ¿pero qué coño me dirías?
Recuerdo abrir la puerta un Domingo a las seis de la tarde y que te cayeras al suelo oliendo a alcohol.
Ese nudo en el estómago.
Que te quedaras con todo mi dinero, que me encerraras, que me llevaras a vivir donde no podía tener contacto con nadie. 
Los ojos cerrados, tenía los ojos cerrados.

Nadie lo sabía, nadie. 
Me daba vergüenza reconocer que esa era mi vida. Que era tan débil y dependiente.
Y perdí los mejores años mi juventud así.
Sola, fumando, esperando a que llegaras. 
Esperando a que me empujaras a la cama y me taparas las boca.
A que me amenazaras, a que me quitaras las ganas de vivir, la voluntad, la dignidad.

Hasta que alguien, con una bata de médico, al que no sé muy bien cómo llegué, dijo mi nombre en alto, firme, casi como una orden y le miré.
Sequé mis lágrimas, dejé de llorar y escuché:

-¿Quieres denunciar?.

Fdo: La mujer que te sobrevivió."

jueves, 7 de noviembre de 2013

Yo he crecido con Canal 9

No voy a hablar de mis escaladas, hablaré de algo que para mi, es más importante.
Siurana, Culla, Margalef siempre estarán ahí, pero lo demás...

Tras el shock inicial y mantenerme pegada a la televisión viendo los hechos que se acontecían, decidí llamar a alguien que cuando tenía mi edad sólo aprendió que tenía que callar, que lo mejor era no opinar y que pasar desapercibido era lo más inteligente.

La ignorancia, quizás, fue el fruto de su felicidad durante muchos años e incluso, puede que el de hoy en día.
La suya, y la de los de su generación.
Hace tiempo que cumplió los 80.

Aún así, hubo muchos que lo intentaron, a mayor o menor escala, pagaron la intolerancia de salirse de las normas impuestas por un dictador que gracias a dios está hoy bajo tierra. (No escribiré dios con mayúscula, ni estaré en misa los domingos, pero me permito utilizar la expresión).
Sigo.
Por ejemplo aquel día en que a sus veinti... pocos, mi abuelo acudía a ver los toros a la plaza del pueblo con sus amigos.
Situado en la barrera, vio como el hijo de por aquel entonces, alcalde de dicho pueblo, cogió el rabo de la vaca haciéndola girar y mugir, mientras la golpeaba con la mano.

Un:
- Hijo de puta, suétala!!!-, le costó una noche de calabozo y distintos "avisos".

Nosotros no tenemos ese problema. Podemos opinar libremente y es nuestro derecho y nuestro deber.
Y podemos hacerlo porque mucha gente, aún teniendo mucho que perder, en su día opinó y  movió ficha.
Hoy lo tenemos mucho más fácil y nos movemos menos. 

En fin, que hice la llamada.

-Yaya!!!!!!!!!!!!
-uy! cariño qué haces (bla, bla bla....nuestras cosas).
-¿Yayiquia estás viendo la tele?
-Si. El sálvame.
-No yaya! ¿otra vez?
-Ay! es que me entretiene.
-¿Yaya te has enterado de que cierran Canal 9?
-Si eso me ha dicho tu madre, pues tendré que seguir viendo el sálvame.
-No yaya, pero esto es muy importante.
-La crisis.
-No yaya, que cierren canal 9, significa que ya no verás la mascletá en la tele nunca más, ni las fallas, ni los castillos. Que no verás la predicción del tiempo en Cheste, ni en Gestalgar, ni en Castellón.
¿Te acuerdas del incendio de Gestalgar? Todo el mundo se enteró porque allí estaba canal 9.
Si vuelve a haber un incendio no lo sabrás. Si hay inundaciones en Requena (por decir algo), no lo sabrás.
Ya no vas a escuchar hablar en valenciano (vive en un pueblo castellano-parlante), y la virgen de la plaza de la mare de déu de Valencia que visten de flores y tanto te gusta, ya no la verás.
No verás imagenes de Cheste en pleno mundial de motos.
Ni la tomatina de Buñol...

Tras un listado bastante largo, comencé a sentir al otro lado del teléfono un silencio angustioso.
-Pero...¿cómo me van a quitar canal 9? -escuché con un hilo de voz, marcadamente afectado.

Y le expliqué, como pude, quién, por qué y cómo habían llegado al poder.
Teniendo en cuenta que no pude hablar con ella como con cualquier persona más joven,creo que me hice entender.

No puedo explicarle nada sobre la Ley de educación Wert, ni tampoco explicarle la razón de por qué antes no se movilizaron los trabajadores y ahora sí. 

Yo me crié viendo el Babalá, Bola de Drac, los Teletubbies, las noticias de la comunidad, aprendí el valenciano igual que el castellano gracias a que lo escuchaba todos los días en la televisión.
Mi hermano y yo bautizamos desde pequeños como cara-susto-manga-larga al hombre del tiempo de Canal 9 porque tenía los ojos muy grandes y el traje le venía grande. Ese hombre del tiempo, sigue o seguía hasta hace 2 días dando el parte meteorológico.
Mi abuelo me pilló en una mentira cuando le dije que me iba a pasar el día a la Peña María y me escapé a la tomatina de Buñol, con tan mala suerte que la cámara me enfocó todo el careto y mi abuelo se frotó las manos sentado frente al televisor.
Al llegar a casa me preguntó qué tal la Peña María y yo, aún le dije que el agua del río estaba un poco fría. Maldita adolescencia.

En fin...

No nos podemos creer las amenazas del "señor Fabra": o cierro un hospital o cierro RTVV.
A estas alturas no.

¡Yo no tengo miedo de hablar, tengo miedo de callar!



lunes, 14 de octubre de 2013

Estamos todos sentados


"Situada en plena Sierra de Seguras su clima es continental. Su orografía se caracteriza por grandes desniveles, profundos barrancos y numerosas cuevas y simas, lo cual proporciona un fuerte atractivo natural y paisajístico a la zona" dice la Wikipedia, que no lo digo yo, aunque lo corroboro.

Culla es un lugar espectacular para la práctica de cualquier deporte.
 Como escaladora no puedo estar más agradecida a quien descubrió la pared, vio posibilidades en ella y lo empezó todo. Esos viajes cargando todo lo necesario para equipar, limpiar la senda, las horas colgado...
La verdad es que no sé quién fue el que dio el pistoletazo de salida, como en la mayoría de escuelas a las que voy a escalar, pero no saber su nombre no significa no valorarlo/a.
El equipador es el gran olvidado y el primer criticado, pero no voy a hablar de equipación, primero porque no tengo ni idea y los segundo porque es un tema arduo y da para mucho.
En fin, seguimos donde lo dejamos.
Culla fue un gran hallazgo. Una pared brutal llena de chorreras, exigente (hablo por mi), pero muy divertida.
Para escalar cuando el calor aprieta, porque da la sombra, pero con una manguita larga, por si!!!

Yo llegué allí sin muchas esperanzas ya que mis escaladas en chorreras habían sido, y siguen siendo, muy escasas. Pero vi un rayo de esperanza al descubrir LOS EMPOTRES!!! 
Sólo encadené una vía, en las otras me arrastré literalmente volviendo a casa llena de arañazos y vuelos.
Necesité dos días para que se me fueran las agujetas de las piernas, pero sarna con gusto no pica.






Después de un Buñol fanático, pusimos rumbo a Cataluña.
Tenía muchas ganas de estar allí.
No sólo en la roca, no sólo en las sendas y el silencio, sino en nuestro hogar.

La vuelta a la ciudad tras 7 semanas allí, fue dura.
Encendí la tele y la apagué al instante.
¿Cómo se ha pasado tan deprisa?
Escuché la sirena de una ambulancia y los niños gritar en el parque de abajo.

Había tanto ruido.
Hay tanto ruido.

Y no me quiero acostumbrar. No quiero adaptarme a ir corriendo, a vivir gritando, a esquivar coches, a una televisión que te abre las puertas de una realidad subjetiva según la cadena y quién te lo quiera contar.
Suben los sueldos, bajan los sueldos, bajan las pensiones, nooooo! Suben los precios, los mangantes se salvan de la cárcel o disminuyen sus penas considerablemente.
Oiga señor mío, ¿sabe usted lo que me pasaría a mi si robara un 10% de lo que se ha llevado usted?.
La monarquía...bufff...Fabra...otro bufff....
Un congreso lleno de diputados que más que a hacer política juegan a ver quién se dice la burrada más gorda.
-Tú más, no tu más, pues tu más por dos!

Basta!!!

Ineptos, habéis tocado lo intocable, sanidad y educación. Tuvimos que esperar a que nuestro "señor" presidente pusiera fecha para dar la cara. A mí, mi madre, cuando hacía una trastada no me preguntaba cuándo me venía bien explicarme o cuándo castigarme.

¿Esperar?

"En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes." 

Representantes que nosotros, el pueblo hemos elegido, para bien o para mal.
¿Y si el pueblo, que somos nosostros, todos y cada uno, decidiéramos de nuevo que queremos volver a elegir, volver a votar? ¿Que queremos unas elecciones adelantadas?. Que no queremos ni PP ni PSOE, que queremos una reforma digna, que no nos metan 5 tipos de contratos en los que 3 son de prácticas!
Yo trabajaré hasta los 67 años,¿pero usted también?

Hay que trabajar más y cobrar menos,leí.Evidentemente de alguien que va sobradísimo de billetes y que debe tener la foto de Franco en el recibidor.

Hay que marcharse fuera de España a buscarse la vida, volví a leer.

Señores políticos, estoy hasta las narices de despedir amigos que se van al extranjero a buscarse la vida.
Hasta el mismísimo de echarlos de menos, de romper los planes que teníamos, de tener que barajar la posibilidad de irme, cuando me he pasado la vida estudiando y trabajando para pagarme una carrera que hoy en día no podría.
Habrá mucho pijo en la universidad y mucho talento perdido sirviendo café.

Realmente en qué están pensando ustedes al hacer política. Porque ¿qué es la política para ustedes? ¿Una especie de sistema de abuso al ciudadano?
Me tiro de los pelos!. 
¿Pero cómo le ha tocado a Fabra tantas veces la lotería? 
¿Teníamos dinero para liarla tanto para intentar tener unas olimpiadas que no nos podíamos permitir? No sé cómo lo verán ustedes, pero los mendigos que hay cada diez metros ahora mismo en las calles de Castellón, no creo que lo comprendan.
¿Qué la estatua le ha hablado a Ripollés para no ser levantada? ¿Qué hay gente trabajando en el aeropuerto? ¿Para qué? 
¿Qué a Urdangarin y a la infanta les cuesta más de cien mil euros al año el colegio de sus hijos en Ginebra? 
¿Qué archivan el caso del accidente de metro de Valencia? Señores, por favor, mi madre siempre cogía ese metro, todos los días!!! ¿Pueden entender la indignación a la que llevan al ciudadano?. No, no pueden, porque hacen política económica, no política social, señores social! Esos conceptos, desde que los estudié, no creo que hayan cambiado mucho.

Ahora mismo no tengo claros mis conceptos de Justicia, de Democracia ni de Ahorro.
Pero mi abuelo si que les explicaría bien claro como funciona el ahorro: Si no tengo, no compro.

Y me gustaría que alguien, por favor me los explicase, no lo que yo estudié, sino los nuevos porque deben haber cambiado y no estoy al día. Abstenerse estudiantes de derecho, no por falta de conocimientos, que también(todos en la universidad nos creemos dios), sino porque me gustaría que por ejemplo Camps, me diera su opinión, sus definiciones bien estructuradas y la dirección del lugar donde le regalan esos trajes tan cojonudos porque yo en marzo tengo una boda y quiero ir mirando.
El movimiento del 15M...¿Qué está pasando? ¿Dónde está?
Esas reuniones que antes llenaban la plaza de María Agustina ahora parecen un corrillo de chiquillos jugando a las canicas.
Buena iniciativa, malas las manos donde la dejasteis.
En fin...
Todo se resume a todos y cada uno de nosotros.
Todos somos responsables. 
Ya casi nos da risa cuando leemos en el periódico, escuchamos en la tele o en la radio que van a hacer algún recorte más, que han imputado a otro politicucho por robarnos, en cambio si el del carril contrario nos hace la pirula nos acordamos de toda su familia y de la que va a formar. Esa rabia, para otras cosas. Para estas cosas.

Estamos todos sentados.Yo la primera.

Nuestros abuelos se levantaron. Muchas personas murieron para conseguir un estado de derecho, y nosotros en cambio estamos sentados.
Tendrá razón aquel que me dijo que seremos la primera generación que vive peor que la anterior.

Así que yo voy a empezar por volver a abrir el periódico, ver las noticias e indignarme.
Todos tenemos un límite. No podemos pasarnos la eternidad indignados o llenaremos las salas de urgencias por úlceras grasticas y...cuidado! Que igual nos toca pagar!
Estamos todos sentamos.
Si queremos cambiar algo, tenemos que levantarnos.

A pie de vía el 70% de las conversaciones son sobre de política, de cómo está el país...bla bla bla
Echo de menos hablar de la amarga de mi jefa, de que me dan vacaciones por Navidad, de que podríamos irnos a la China popular a tomar café! Pero no, desgraciadamente ustedes han pasado a ser los protagonistas de todo. Hasta en la sopa.

Pues hasta en la sopa sólo quiero a la familia, a mi marido, a los amigos, la escalada, a mis gatas, a mis sueños y poderme comprar esos pantalones que tanto me gustan y que combinan con esa camiseta tan chula para escalar.

En fin, que a pesar de todo, para huevos los nuestros. Que con cuatro duros seguimos consiguiendo ir a los lugares que más nos gustan, practicar el deporte que nos llena y reír con los amigos, normalmente de ustedes!




L'herbolari (Siurana)

Y seguiremos como si no me hubiera dado un ataque de ira.
¿Por dónde iba? Ah! si!

Que volvimos para el pueblo. Si, ese en el que hay silencio, no hay tele y hay muchas paredes.
Hay tantas que seguimos encontrando sectores nuevos, y los que nos quedan.
Esta vez encontramos L'Herbolari. Un sector de invierno (solaco) con vías muy muy buenas. El asegurador puede estar a la sombra o al sol.
Tienes vías de 5º, 6º y 7º grado. Así que hay sitio para todos!!!
Soportamos el calor como pudimos porque el sitio vale realmente la pena.
Hay preciosidades como esta vía con ese reposo a mitad (que viene muy bien) porque a partir de ahí, la ley de Siurana se hace presente, prohibido caer!
En la foto no se aprecia, pero desde el descanso hasta la reunión queda un cacho.

Y pronto....prontito.....tendrá lugar en este sector un evento de la Sportiva, donde podrás probar sus pies de gato, habrá comilona y muchas sopresas más...todo de la mano de GomaII, así que por ahora ve reservando el fin de semana del 25/ 26 y 27 de Octubre.

¡¡¡ Políticos no invitados!!!